Daniel y Freya: una historia epistolar, III

marzo 25th, 2013 § 0 comments

freya3

Nueva York, 12 de Febrero del 2013

Daniel:

¿Cómo es eso que me has visto en el teatro? ¿Has pasado por Nueva York recientemente? ¿Por qué no te acercaste al camerino? ¿O es que acaso esa última pregunta está de más? Cuéntame sobre K., me entristece su mal estado. ¿Cómo les va con la agencia? Sé que ustedes han mantenido buenos lazos. Como mismo sabía que desde hace un año ella comenzó a comunicarse con la madre de M. Fue la propia M. quien me lo comentó y me ha asegurado en más de una ocasión que le hace bien ese acercamiento. Aunque coincido, quedarse prisioneras  de un pasado triste e irremediable no ha de ser saludable para ninguna de las dos, especialmente si se potencian entre sí a través del mismo lamento. Pero, ¿quién soy yo para juzgar el pesar de una madre que ha perdido a su hijo, o el de una mujer que le ha fallado a su gran amor?

No me siento orgullosa de mi comportamiento durante esos días después del accidente o en los meses que prosiguieron. El distanciamiento que les impuse fue lamentable, lo sé, y el recuerdo que queda es turbio. Sin embargo, ahora creo entender con más claridad lo que pasó por mi mente entonces y el por qué de mis acciones. Algún día conversaremos sobre ese asunto con insospechada tranquilidad, de eso no me queda duda.

Esta mañana fui a ver a una fisioterapeuta. Llevo varias semanas con una punzada en el hombro derecho que no he conseguido atenuar con nada. Es como una puñalada clavada a toda hora. La especialista ha descubierto que el dolor proviene del cuello, a pesar de mis quejas manifestándolo en la espalda. Dice que tengo una tensión y un estrés increíbles. ¿Quién no? Me ha dado permiso para volver a la piscina. Esa es una noticia extraordinaria; nadar influye sobre mi deseo de olvidar y de fortalecerme.

Me desperté tarde, no podía creer la hora: 10:30AM. Salí corriendo sin tomarme siquiera un café y cuando llegué al consultorio me enteré que la cita no era hasta las 11:30AM. Aproveché el contratiempo para terminar la novela de Toni Morrison que no había leído aún cuando recibí tu carta pero que ya había comprado apenas salió a principios de año. En efecto, es impactante y profunda, una Joyita. La narrativa es clara y concisa como la gran autora que es, y te atrapa desde la primera página con su habilidad y dominio del lenguaje y la ficción. ¿Tú, Frank Money? ¿Acorralado por los recuerdos violentos de episodios durante los combates de la guerra coreana? No sé, tal vez tu guerra no es coreana pero es guerra al fin. El final es muy lindo, me hizo llorar. ¿Qué no me hace llorar a mí últimamente? Por supuesto que me gustaría comentarla con detalle cuando la asimile mejor. Ya está calificado como uno de los mejores libros entre aquellos que he leído este año. Es una historia que me ha removido por dentro. La prosa hermosa y más ligera que su densidad habitual, estoy de acuerdo. ¿Crees que el doctor Scott era eugenesista y experimentó con el útero de Cee? Ni siquiera sé si la palabra eugenesista aparece en los diccionarios. Me parece que la historia va por ahí. ¿Tú qué crees?

Después de la terapia vine a comer dim sum a un lugar que se llama Hing Huang, desde aquí te escribo esta carta. ¡Qué hambre tengo! Y ahora para resolver me dispongo a degustar un menú carnívoro como primera comida del día. Hace poco aprendí en Wikipedia el significado de dim sum. Bocado, corazón a lunares, tocar el corazón, y este que es el que más me gusta: ordenar hasta satisfacer el corazón. Me ha causado gracia ese embuste literario.

Es un sito raro, o mejor dicho, chino. Tienen la tele prendida en un canal de videos musicales de ese lado del continente asiático que es para morirse de la risa, o de la tristeza. Creo que si yo fuese china me daría pena admitirlo, sólo por lo de los videos. La indumentaria que llevan los cantantes y extras no sé de dónde la sacan, y las coreografías y los props son de armas tomar, e igual de risibles. Hace un rato pasaron uno protagonizado por un dragón cargado en hombros por una fila infinita de señores mientras unos niños brincaban sobre algo que parecía un trampolín sin llegar a serlo. El cantante, vestido de fucsia de pie a cabeza, hacía alarde de un baile que era una combinación entre gangnam y bachata. Me habría encantado saber de qué iba la canción. Uno hasta figuraría que es entrenamiento para niños, ¡qué va! El  volumen lo tienen apagado y en lugar suenan hits americanos, para que te hagas una idea. Ahora mismo canta Bruno Mars,  It Will Rain Again. En cambio parece que va a nevar esta tarde. Nunca llego a cansarme de las nevadas, es uno de los caprichos de la naturaleza más peculiares y magníficos que he presenciado en mi vida.

El dim sum de aquí tiene una reputación favorable, y por buenos motivos, es estupendo. Para llegar a esta zona de Chinatown he tomado el tren R, no es mi favorito. Ahí se juntan los locos de la ciudad. Creo que es el tren más lento de todos y uno siempre está al borde de presenciar algo inusitado. Hoy mismo, dos paradas antes de la mía, entró una comitiva de ratas. Eran sólo tres, pero se movían tan rápido que parecían más. La gente perturbada por el imprevisto acose de roedores corría de un lado a otro. Al final terminamos todos subidos en las hileras de asientos agarrados de manos. Fue un momento de terror y si supieras, también de hermandad. Entre los alaridos de miedo, las carcajadas y los bastonazos enardecidos de dos señoras mayores, la multitud se conectó en una frecuencia que ya nadie nunca más podrá deshacer aunque no volvamos a vernos y sigamos siendo perfectos desconocidos. Qué extraña es la cotidianidad y cómo por medio de un pequeño percance pasas a ser parte de una memoria permanente en un contexto indestructible. ¿No te parece algo excepcional?

Ese episodio mañanero me ha hecho reflexionar sobre la manera fabulada en que solemos digerir el concepto de la soledad. Intentamos aislarnos cuando en realidad somos una red y apenas se produce la más mínima contrariedad nos aprisionamos unos a los otros como imanes, confirmado que por naturaleza el individuo busca un sentido de pertenencia a un grupo. Lástima que la razón a veces sea superior al instinto, por lo menos en casos en que lo opuesto podría significar la solución entre las grandes discrepancias que separan a sociedades cada vez más.

Te agradezco enormemente que te haya llegado a emocionar la idea de asistir a los musicales. Te creo, con un mínimo de aprensión, desde luego. Para ser un aficionado de la ópera, imagino el gran esfuerzo. Yo sigo siendo una gran fan de ese género musical. Por cierto, me acaba de llegar el programa de la nueva temporada del Met 2013/2014. Tengo intenciones de ir a varias presentaciones, lo que sucede es que con mi asiento en la primera fila del segundo palco, tú sabes, el que pertenecía antes a mi madre, no me permiten cambiar el programa, por lo menos no de inmediato. Tendría que comprar una serie que incluye algunas presentaciones que no me interesan e intentar cambiarlas por las otras que deseo ver pero que pertenecen a otros programas. Arriesgaría mi silla ya que no permiten gestionar esos cambios hasta más adelante en la temporada, cuando ya se han agotado los mejores boletos. Ya me ha pasado alguna vez, y créeme, desde el primer palco no se ve la orquesta sinfónica, que es donde suele sobrar uno que otro asiento. Podría comprar las entradas por individual; me temo es mucho más costoso. Aunque, ¿has visto que los precios han bajado? Debe haber una crisis cultural sin igual.

¿Por qué no te comento las que me atraen y tú me aconsejas o desaconsejas? ¿Te parece?  Tosca: una de mis favoritas, no me la quiero perder. Los tenores son Marcello Giordani quien ha recibido bastante reconocimiento últimamente pero a mí no me encanta, y Roberto Alagma, a quien no he visto en vivo aunque lo he escuchado y he leído buenas reseñas. Renée Fleming en Rusalka. Nada me gustaría más que verla otra vez cantando esa aria, pero como sabes, Rusalka es una ópera como Lakmé y Elíxir de amor, contiene un solo hit, así que no sé si me animaré. Es lo que me gusta de las óperas de Puccini, Mozart, Tchaikosvsky, llenas de arias y melodías que te intoxican de principio a fin. Hablando de Tchaikovsky, este próximo otoño presentan Eugenio Oneig con la Netrebko. Iré seguro, si es que no coincide con una de mis presentaciones. A veces compro entradas con tremenda antelación y total no puedo asistir por conflictos de horarios… Me sorprendió no reconocer a ninguno de los cantantes del elenco de Madama Butterfly, así que de esa paso, a no ser que tu opinión contraríe mi decisión. Un tal Bryan Hymsel interpreta a Pinkerton, y Manda Echalez debuta con Cio-Cio-San, no sé quiénes son. ¿Sabes quién se presenta también?, Diana Damrau. ¿La conoces no? ¿Quién no la conoce luego de consagrarse en el 2007 aquí mismo en el Met? J. y yo la vimos juntos. Lástima que sea La Sonámbula, otra ópera sin catchy tunes. Me acusarás de elegir las obras como mismo elijo el vino, seducida por el arte de la carátula. Un buen argumento a mi favor sería que nunca me he equivocado… Ahora en abril comienza un ciclo de El anillo del nibelungo; iré al primero. Recuerdo oírte hablar de tu experiencia con esa ópera… cuatro partes, seis horas cada una. Aquí las presentarán un por semana. Siempre he querido verla completa y nunca he tenido la paciencia. Ya te contaré, me emociona saber tus conclusiones,  nunca he conocido un melómano más excepcional que tú.

Bueno, me despido. Llevo un buen rato escribiendo y presiento que no te he dicho nada que valga la pena, y si supieras, me siento como si te hubiese contado muchas cosas importantes de mi vida.

Ojalá coincidamos la próxima vez que pases por la ciudad.

Un fuerte abrazo y escribe pronto,

Freya

Por Grettel J. singer
Imagen de Ketty Mora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *