28 días de amor y frenesí

febrero 1st, 2009 § 0 comments

Celebrar el día de los enamorados me parece una tontería. En especial si sólo se celebra ese día en todo el año; único en ser marketizado como representación del afecto y la pasión entre parejas. El amor no es cuestión de un día, pero claro, todos necesitamos un recordatorio de vez en cuando. Sin embargo, podría resultar mucho más atractivo si en cambio se festejaran diversos días de sostenida veneración, semanas y meses, temporadas completas de ilimitada adoración.

Por ser tan cínica, práctica, poco romántica y nada creyente, este año voy a cambiar mis propias reglas, voy a desafiar el sistema calculador y aburrido que representa el día de San Valentín donde el hombre es el sujeto responsable de infestar el destinado día de acciones románticas, y la mujer es quien se encarga de destapar la pasión erótica en las horas nocturnas. Mis actos serán en respuesta y por protesta a algo que leí el otro día acerca de el amor y el enamoramiento. El artículo decía que el enamoramiento era realizable debido a la ausencia del amor, y el amor era la etapa posterior al enamoramiento, pero que era improbable que ambos coincidieran. También decía que los seres humanos estamos predispuestos químicamente a salivar por alguien por un tiempo determinado y de ahí en adelante el hechizo se disfuma por completo. No puedo con esos asuntos mundanos de profunda ordinariez. Propongo desmantelar el turbio resultado que predomina sobre ese tema. ¿Quién dice que no se puede amar estando aún enamorado?

Propongo que febrero esté desbordado de amor y más amor, hasta empalagarnos, porque de alguna manera hay que justificar esos meses de ineludible cotidianidad, que digan lo que digan ninguna pareja se escapa.

Con máximo ímpetu elaboraré deliciosos platos afrodisíacos por lo menos una vez por semana. Me haré el propósito de servir las tres comidas del día en forma de corazón o en platos con forma de corazón porque ese es el signo del amor. Con esa misma forma hornearé galleticas y las decoraré y se las enviaré a mi marido de sorpresa. También le enviaré globos, flores y chocolates; no hay que ser mujer para sentirse especial cuando tu pareja te sorprende infraganti, aún cuando es de manera convencional. Colgaré luces rojas en nuestro dormitorio y en la cocina, siguiendo el formato de la Navidad que aunque es el día 25, la decoración comienza mucho antes, supongo que para mantener vivo el espíritu, que es lo que intento lograr.

Bajo la almohada y en el refrigerador esconderé notas cargadas de pasión, poesías de Neruda, versos de Rumi. Insistiré en un beso con lengua diario a las 8pm, con alarma y todo, que dure diez minutos, por lo menos. Eso lo aconseja una sexóloga que fue invitada al programa de Oprah hace unos meses y que no recuerdo su nombre (aunque no tiene que ser a las 8pm, puede ser a cualquier hora). Además voy a intentar, aunque esto va a costar un poco de trabajo, hacer cita con mi pareja bajo la ducha por lo menos dos veces por semana. Usaré creyón labial rojo todos los días, ropa más ajustada, inusitados escotes, sólo para él. Le enviaré cartas por correo, invitaciones privadas. Lo volveré loco, de amor o de atar, no lo sé. Pero lo que sé es que no habrá rutina que se imponga o que me aleje de estos actos de sincera y desproporcionada latría.

Me tomaré el tiempo para explicar las cosas sin verme en la necesidad de alzar el tono de la voz. Trataré por todos los medios de no asumir que el sentido común es garantizado en cada ser humano. Trataré por todos los medios de ni siquiera mencionar el tema del sentido común. Cuando me encuentre sus zapatos tirados al lado de la puerta de la entrada, no los botaré en la basura, sino que con cariño los regresaré al closet. Si el perro se escapa porque mágicamente alguien dejó la puerta del patio abierta, aprovecharé la ocasión para emprender una búsqueda amorosa y armoniosa bifurcándome por las calles del reparto donde vivo de la mano con mi hombre, y cada vez que pronuncie el nombre de mi perro le daré a ese hombre una mirada seductora, de fuego puro, que sea el inicio de lo que luego elaboraremos en un ambiente más privado. Beberé cerveza y miraré, para hacerle compañía, todos los partidos de cualquier deporte que se le antoje ver, y por este mes estaré del lado de su equipo, sin desearle fracturas a nadie, sólo victorias.

Pensaré que los inodoros con tapa subida son nuevas expresiones artísticas de mucho agrado. Borraré de mi mente cosas feas, como por ejemplo cuando me encuentro con una toalla que es de secarse el cuerpo siendo utilizada como alfombra de baño, o un paño de secar platos absorbiendo un líquido derramado en el piso de la cocina, cuando en realidad hay toallas para el cuerpo y toallas para apoyar los pies, paños para la meseta y paños para el piso. Remplazaré el rollo de papel higiénico sin papel cada vez que me toque sin decírselo a nadie. No pondré cara de monstruo cada vez que me encuentre el pomo de la leche vacío, o lo que es peor, con un tilín que no alcanzará ni para acompañar un té. Llenaré el tanque de gasolina que cada lunes me sorprende en cero. No diré ni esta boca es mía al descubrir unas galleticas zocatas porque nadie las cerró como es debido. Guardaré silencio cada vez que me azote una gaveta en la cadera porque en casa sólo se abren gavetas, nunca se cierran.

Desde las 9 pm en adelante me despojaré de toda la ropa, aunque tenga frío, para que me den calor. Prepararé brebajes capaces de causar vigorosos encantamientos a la hora de amar. Me tatuaré en las nalgas (de mentirita) esa forma del órgano del amor. Intoxicaré mi cuerpo entero de un perfume con propiedades mágicas cuya fragancia recurre en el subconsciente y desconcentra aún cuando se ausencia el ser amado.

Estoy determinada, voy a hacer todo lo que antes, al principio, cuando no existía una historia, una queja, un disgusto, las parejas no encontraban otra forma que la de adularse sin el menor reparo en la venganza que luego abarca la cotidianidad, cotidianidad que venceremos no sólo un día al año, sino como mínimo veintiocho.

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