Asexual, a propósito de…

diciembre 5th, 2008 § 0 comments

Hace un tiempo atrás, cuando era más joven, digamos hace 12 años, una compañera de clase, al enterarse que salía con un chico que era muy amigo suyo de antaño, y de quien sus preferencias sexuales aún no quedaban claras, me dejó estupefacta cuando con gran asombro me confesó que nos creía a los dos asexuales y lo menos que se esperaba era sabernos juntos. Es duro que alguien te diga así sin rodeos que tienes cara de que no follas, en especial porque las malas caras usualmente son asociadas con el no follar. Al final como buenos asexuales que éramos no llegamos muy lejos en todo el tiempo que salimos de novios, aún cuando charlábamos acerca del tema constantemente. Tal vez mi amiga tenía razón, antes de esa relación había pasado una buena temporada sin el menor apetito genésico, hasta el punto que se me había olvidado por completo el asunto. En efecto, era asexual y ni siquiera lo sabía, pero la verdadera razón era muy otra. Para empezar, normalmente voy atrasada en todo, de cinco a ocho años. Es decir que a los veintitrés yo estaba de quince o cuando mucho dieciocho. El sexo era una especie de deleite ambiguo e incomprendido por mi parte, y lo que era muy regular para mí terminaba siendo extraño para los que me rodeaban. Por otro lado, esa especialidad francotiradora de atraer sólo y exclusivamente a (como decían mis amigas) hombres raros o indefinidos y sin etiquetas (como algunos de ellos se hacían llamar), era la explicación más acertada de aquella falta de serios deseos físicos. Era más bien una asexual incomprendida. Algo similar me sucedía cuando fumaba la hierba de mis amigos, convencida de que desde ese día en adelante fumaría a diario y a toda hora y hasta me compraría mis propios gramos; pero la rutina “anti-todo” que me atrapaba terminaba siendo una plaga incurable. En todo caso los defiendo, a los permanentes y a los parciales que zigzaguean entre la lujuria y la abstinencia, que era más o menos mi caso. No sé cuál es el problema con los asexuados, no es precisamente una enfermedad, simplemente la práctica de otro tipo de orientación sexual. Para algunos, como yo, seguía un régimen de extremada frugalidad, y luego, como siempre que una rompe dieta, comía hasta por los codos. Entonces al final, cuando sacaba cuenta y balance, la caja estaba al día.

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