Un sábado sin Domingo

noviembre 21st, 2008 § 3 comments

El pasado sábado por la tardecita estaba preparando a mis niñas para ir a dar un paseo en bicicleta. En tan sólo segundos y no sé cómo, puesto que todas las puertas ya estaban cerradas, nuestro perro Domingo se escapó. No es la primera vez, de hecho desde hace diez años lo viene haciendo. Pero a veces me parece que esta rutina es parte del cariño que nos une, y lo digo porque en mi vida han habido hombres así, que siempre quieren salir corriendo, total para luego regresar.

Cada vez que Domingo se escapa me crispo de la roña. ¿Cómo es posible?; cuando me lo encontré estaba raquítico, con enfermedades estomacal y de la piel, severos problemas emocionales; entonces le di un hogar, comida regia (lleva una dieta especial y se la compro por la internet y el envío cuesta un ojo de la cara), jugueticos que hacen sonidos, huesitos vegetarianos con sabor a pollo y puerco. Además le doy lo más importante, mi afecto y mi atención. ¿Y él qué hace? Se escapa cada vez que puede y luego regresa con la pesturria ambulante de todos los basureros del reparto donde vivimos.

Y bueno, la vida es así, como muchos hombres (y algunas mujeres que conozco), los perros también a veces necesitan perderse, ensuciarse un poco y luego regresar a casa. Me quedé pensando en eso el resto de la semana, y desde entonces constantemente me vienen a la cabeza numerosas similitudes entre estos dos mamíferos. Ya se sabe que comparten un gran porcentaje en la estructura básica del ADN. Pero también por ejemplo el hombre y el perro ambos se sienten amenazados por su propia naturaleza y marcan territorio aquí y allá y en donde puedan, sospechan del cartero y del lechero -¡como no, aún existen los lecheros!-. Además ocupan demasiado espacio en la cama, en especial si están los dos a la vez. Claro que a diferencia de un hombre –y ojo que esto no es una pulla, aunque seguro me van a tirar huevos- a un perro se le puede entrenar sin mucha discusión, se les puede obligar a bañarse, son incapaces de criticar las amigas o las suegras, les importa un pepino si estamos lindas, flacas o aún conservamos muslos firmes, y muy importante, son fáciles de comprar. Claro que un hombre no necesita ayuda para ponerse la correa, ni para abrir una lata de atún, o la puerta para largarse. Lo lindo en este asunto es que no hay que escoger, se pueden tener ambos a la vez, perro y hombre.

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