La mujer justa

julio 20th, 2009 § 0 comments

Se acaban de marchar unos amigos que vinieron a pasar unos días aquí en el lago. Ella está a punto de cumplir los cuarenta en unas semanas y él, amigo de juventud de mi esposo, tiene cincuenta y algo y hacen una lindísima pareja. Se conocieron el año pasado en un grupo de corredores y desde entonces no se han separado, y ambos aseguran que son dos mitades que por fin se han unido.

Me parece curioso que dos personas adultas, perseguidas por pasados intensos y atosigados -y me consta que ambos están desbordados de derrotas y desilusiones- se sientan así de felices y que además se hayan enamorado desde el primer encuentro, como dos adolescentes. ¡Qué torpeza la mía!, asumir que el amor no es para todos. Entre copas y más copas escuchaba atentamente la historia que ambos contaban de cómo se flecharon. Los dos mostraban al hablar un desaforo infantil, con la inocencia del inexperto y un optimismo difícil de contrariar. Perfectos uno para el otro, sentenció la pareja, e inmediatamente me transporté a esa novela del escritor húngaro Sándor Márai, La Mujer Justa. Cuando la leí quedé muy impresionada tanto por la prosa como por la narrativa impecable de principio a fin. Una lectura de esas que uno agradece por las frases geniales, los personajes construidos de una forma inmejorable y el gran enfoque social y emocional que propone la obra con un lenguaje elaborado e impetuoso y a su vez simple y reflexivo. Recuerdo haber especulado acerca del sentido de aquello que nos define emocionalmente, cuestionándome brevemente si de verdad existe esa persona diseñada a nuestra medida o simplemente uno toma una decisión racional a la hora de involucrarse con alguien. O lo que podría ser peor aún, cuando son los padres los que toman esa decisión tan fríamente calculada, hasta que la muerte los separe.

La novela está compuesta por tres monólogos que cuentan un triangulo enmarañado que marca la vida de sus protagonistas y en el que a partir de su ruptura los destruye a los tres por completo. Cada monólogo es la historia de quien ha sido la persona justa en la vida de cada personaje que cuenta su historia desde el punto de vista del rango social al cual pertenece.

¿Reconocemos los grandes encuentros? ¿Podemos ser realmente conscientes de estar viviendo momentos decisivos aunque den una apariencia insignificante? ¿Es posible que cuando entra ese alguien a un lugar que uno piense al instante: esa la persona justa, la verdadera, la que se diseñó para mí? Esa es la gran pregunta que plantea la novela, y supongo que algunos, como nuestros amigos, dirían que sí, claro. ¿Y quién so y yo para dudar? A fin de cuentas poco o nada sé con certeza en esta vida.

El primer monólogo comienza con Maritka, mujer de sociedad que se ve amenazada por la presencia invisible de un obstáculo misterioso entre ella y su esposo Péter, hombre a quien ama exageradamente y continúa amando a pesar de que más adelante llega a descubrir que éste ha vivido obsesionado de manera platónica con la criada de la casa de su madre, con quien apenas ha cruzado un par de vocablos en las últimas dos décadas. Después entramos en el monólogo del Péter, burgués que considera que la mujer justa es Judit la criada, sin embargo, reconoce lo contrario cuando pierde definitivamente a su esposa Maritka, la mujer que lo amó profundamente. Pero Péter no puede menos que fracasar porque todas sus decisiones emocionales se determinan a partir del miedo, la cobardía y primordialmente el orgullo distorsionado causado por su posición social.

Finalmente entra en escena el monologo de Judit, un personaje que sale de la nada y se convierte en la centrífuga del mundo de los dos personajes restantes. Judit demuestra un sentido profundo en la manera en que cuenta su pasado marcado por el amor y tronchado por la ambición. Esta mujer -observadora incansable- entra a la casa de la madre del burgués desde que era una adolescente y a través de los años, al sentirse atraída por el joven rico, se motiva con el objetivo descalabrado de igualarlo y obviamente fracasa al tratar de superarlo en su clase social. Cada personaje espera cosas diferentes de la relación, de la vida en sí, y la gente que los rodea, pero todos buscan lo mismo, la persona justa, o por lo menos identificar que en algún momento del transcurso se cruzaron con esa persona, como si por esa causa la vida tomara un valor sagrado y el mero hecho de haber existido fuera superior al del resto de los mortales.

Pues así mismo son nuestros amigos -la pareja sumamente enamorada- que han anunciado haber encontrado a ese ser justo, ni más ni menos, sino justo. Digo, después de diez años felizmente casada me inclino más a pensar que no existen seres justos sino bien justificados.

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