Amigos: c’est tout

marzo 16th, 2009 § 0 comments

¿Será real aquello que dicen que entre los hombres y las mujeres no puede existir una verdadera amistad? Yo creo que sí se puede, como mismo las lesbianas son amigas aunque no sean amantes, y los gays también. Porque sería más que ilógico, una ofensa, imaginar que todas mis amigas lesbianas me desean de un modo sexual, o asumir que todos mis amigos gays cada vez que se reúnen participan en una orgía. Entre el hombre y la mujer sucede algo parecido, puede haber una atracción y seguir siendo amigos, nada más.

Dicen que la amistad entre sexos opuestos no es fácil pero tampoco imposible, a mí me parece que simplemente es diferente, pero ni más duro ni más complicado de lo que ya son las típicas exigencias y los sacrificios que presenta cualquier tipo de relación con quienquiera que sea. Con las amigas solemos comportarnos de uno modo, y con los amigos de otro. Hay cosas que sólo se pueden discutir entre mujeres, como también en ocasiones disfruto mucho más compartir ciertas cosas con hombres amigos. Por ejemplo con los hombres me encanta escucharlos hablar sobre sus relaciones amorosas, de las mujeres que llegan y las que se van, los motivos por los cuales no se comprometen con unas y sí con otras, las ambiciones que les quitan el sueño, las desilusiones por las que has atravesado. Las pasiones de los hombres son distintas a las nuestras, o por lo menos manifestadas de otra manera, una manera que a mí me agrada mucho. Cuando hablan del cine, de la música, de los viajes, del arte, de un libro, siempre encuentro un tono diferente en sus descripciones, en la forma de enfocar las conversaciones y de expresarse, asombrada a menudo por la similitud de pensamientos a pesar de los diversos caminos que allí los conducen. Algunos hombres son muy buenos para escuchar, y sólo te miran a los ojos con aprobación o desaprobación, pero no siempre desmantelan su verdadera opinión, aunque te estén juzgando, quizás por miedo a molestarnos. Me gusta esa timidez que entre amigas no existe y a veces cuando no estás de humor cae tan bien escuchar exactamente aquello que necesitamos oír. Me hacen recordar mucho a mi perro Domingo, pero en el buen sentido de la lealtad, la paciencia y la admiración, porque los hombres admiran a las mujeres con una curiosidad legítima, sorprendentemente afable. Con ellos también se tocan más los temas familiares, especialmente las relaciones con los padres y los hermanos, mientras que con las mujeres nos sentimos más cómodas hablando de nuestros amantes o maridos.

Entre mujeres suponemos muchas cosas acerca de los hombres que luego confirmo lo equivocada que estábamos. Y vamos, es que con un hombre no vas hablar de las rebajas del Gap, ni del ciclo menstrual, ni de las últimas monerías que hacen tus hijos, ni de los desastres que suelen ocurrir en el cuerpo pasado los treinta, o lo estropeado que se quedan los pechos después de amamantar, ni de los chismes sin importancia que ruedan de lengua en lengua sin un decisivo motivo o destino. A ellos no les puedes pedir que te acompañen al baño para reaplicar el maquillaje mientras partidas de la risa critican a la novia que el amigo se ha dignado a presentarles. Con ellos no vamos a discutir temas que abarquen ningún tipo de cifra en relación con nuestra edad o nuestro cuerpo a no ser que se trate de la talla del ajustador. No vamos a mencionar la cantidad de calorías que hemos consumido en un día, y menos que menos hablar de azúcares o carbohidratos cuando muchos hombres no saben ni lo que son las grasas saturadas. Pero tienen otras cosas para ofrecernos en una amistad que me hacen sentir muy a gusto, aunque muy diferente a cuando comparto con amigas.

De entrada no se puede negar que entre un hombre y una mujer siempre va a existir esa tensión sexual, aún en esos casos que ni siquiera se desean mutuamente, es decir que hasta subconscientemente existe un deseo por el simple hecho de ser sexos apuestos. No pretendo defenderlos, pero supongo que a mis amigos les sucederá lo mismo que me sucede a mí cuando ellos se arreglan y lucen guapos y me les quedo mirando, me gusta vacilarlos, como mismo vacilo a mujeres que me parecen atractivas, pero eso no quiere decir que ese deseo efímero se tenga que convertir en un acto carnal. Fantasear es un cosa y realizar esas fantasías ya es otra cosa, muy otra.

Nos lo han dicho los sicólogos, que el hombre y la mujer son como por decir el extraterrestre y la terrestre (o viceversa para no provocar a nadie), somos contrarios, tanto así que por más fuerte que sean los lazos de amistad, normalmente va a existir algo más, tal vez dudoso, tal vez un poco tramposo y hasta fuera del alcance de las nociones que más o menos entendemos, pero principalmente manejable en casi todos los casos. A lo que me refiero es que auque exista esa tensión que suele ser tan incómoda como placentera, eso no significa que la amistad sea irrealizable.

Claro, que a veces las cosas no salen como las planificamos. ¿A quién no le ha sucedido que el afecto que suponíamos era puramente amistoso, de golpe se sale del plato? Y toma un forma gigantesca, que se adueña de los controles que hasta el momento nos ayudaban a funcionar como gente normal, y qué va, fuera y más allá de nuestros dominios y por supuesto en contra de la razón, ese cariño se torna en una irremediable pasión que tarde o temprano va a acabar con la amistad. Bueno, ahí sí que hay que poner un pare porque no se puede tratar a una persona como una cosa cuando el deseo y el corazón te piden otra, especialmente si esa persona no te corresponde, pero esos son casos aislados, específicos, atípicos pues es improbable enamorarse de todos los amigos. Ahora si se trata de una sencilla atracción, no veo el problema en lo absoluto. ¿A caso no es así como llegamos a casi todas las personas que están en nuestras vidas? En mi caso es así, existe un magnetismo que me dirige a algunas personas y a otras no. Con algunas nos convertimos en amigos y con otras la atracción inicial se desparrama y cada cual sigue por su lado, por el rumbo de la vida, atrayendo a nuevas personas y sumándolas a las listas de amistades o a las del olvido.

Si se acepta como tal, que entre un hombre y una mujer existe un placer misterioso en ese deseo imposible (que de ninguna manera ha de ser doloroso) de realizar, la vida toma otros colores. Las amistades no tienen que ser carentes del deseo o impulso sexual siempre y cuando se trate de una expresión corporal y no física o emocional. Digamos que para lograrlo lo más importante es tener las intenciones bien claras por ambas partes, los sentimientos pueden variar, pero las acciones si se mantienen en la raya, es ahí donde suelen florecer magníficas y entrañables relaciones, a partir de un disfrute por la fruta prohibida, incluso cuando estamos claros que esa atracción es más coco que otra cosa.

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