Nina Simone: I Wish I Knew How It Would Feel To Be Free

febrero 15th, 2009 § 0 comments

La última vez que casi vi a Nina Simone en concierto pensé que por seguro esa vez se me haría realidad un sueño frustrado de ya tantos años. En varias ocasiones casi casi llegué a verla, pero algo normalmente ocurría que me lo impedía.

Ya lo tenía decidido, quería verla en vivo, pasar a ser parte de su historia, muy a pesar de que siempre he preferido quedarme en casa y escuchar el cd en la comodidad de mi sofá cien millones de veces antes de caer en medio de la conglomeración humana y despistada que asiste a conciertos. Entonces comencé a seguir más o menos sus giras para ver si podía sumarme a una de las funciones.

A principios de Julio del 1999 tenía planificado un viaje de trabajo a Londres, ciudad en la que Nina daría un recital alrededor de las mismas fechas en las que visitaría, pero un súbito cambio de plan me arrojó a San Francisco.

Debí imaginarme que cuando (por un pelo) me la perdí en el 2000, ya nunca se me volvería a dar otra oportunidad. Las entradas se habían agotado y yo acababa de llegar de un largo viaje y no me había enterado de que Nina estaba haciendo una gira de conciertos por los Estados Unidos, y menos que venía a Miami. Pero hay cosas que están escritas y el universo por algún motivo conspiraba, siempre nos acercaba, sin embargo nunca me dejaba llegar frente a ella. Uno de mis mejores amigos tenía dos entradas para ir a verla aquí en Miami, en el Gusman Center, a diez minutos de mi casa, pero otro amigo que le había pagado por la otra entrada semanas antes, sería su acompañante. Algo repentino ocurrió el 8 de Noviembre del 2000, el padre de mi amigo falleció inesperadamente. Al día siguiente mi amigo tan generoso y siempre pendiente de los detalles, hasta en medio de su tragedia, me llamó para ofrecerme las entradas porque esa noche iban a velar a su padre y como era de esperar él no podría ir a ver a Nina. Yo con mucha pena acepté, aunque hubiese preferido hacerle compañía a mi amigo, no obstante él no me lo permitió y me rogó que fuera al recital, sino se perderían las entradas. No le podíamos hacer esa mierda a Nina Simone. Me decidí a ir con mi esposo, además le avisé a mi amiga Diana, también seguidora de Nina. Ella enseguida se sumó al plan y fue al Gusman para tratar de conseguir entradas tal vez de alguien que estuviera vendiéndolas en la puerta. Para su sorpresa consiguió una en la taquilla.

Llegamos al Gusman, la acomodadora nos llevó a mi esposo y a mí a nuestras sillas, estaban muy bien situadas. Por fin coincidía con Nina Simone, no lo podía creer, en sólo momentos aparecería mi diosa, de carne y hueso, e iba a abrir la boca y expulsar su avalancha de melancolías sobre mí, y sobre todos los que estábamos presentes. Me pareció extraño el público que allí se reunía, gente joven de rasa negra. Por un lado porque Nina era de todos los colores, y me sorprendió que en esta ciudad sólo existieran tres blancos que la fueran a ver. Por otro lado encontré chocante la juventud que atraía una mujer de tanta historia. En fin, nos sentamos y esperamos pacientemente unos cuarenta y cinco minutos de una presentación teatral de lo que parecía pertenecer a una escuela, que dedujimos era el primer show en la cartelera; como una especie de banda telonera, excepto que la música no comenzaba. De pronto a mi esposo ya mí nos agarró la sospecha y salimos del salón a averiguar qué sucedía con Nina. Justo en ese instante en que llegábamos al lobby divisamos a Diana quien se disponía a hacer lo mismo, ella tan perdida como nosotros. Al investigar lo ocurrido nos enteramos que el recital de Nina se había efectuado la noche anterior. Miramos la entrada y en efecto, databa para el día 8 y estábamos a 9. En la entrada de Diana ni siquiera aparecía el nombre di Nina ¡Qué frustración!, casi, pero casi, la llegué a ver.

Luego en el 2001 surgió una oportunidad nuevamente. Nina en París el 8 de junio. Yo tenía planes de pasar ese verano en Europa, comenzando mi excursión por supuesto en París. Pero ese año el mundo entero parecía que iba a París a veranear, y el pasaje más cercano al día del recital que conseguí fue para el 10 de Junio. Excepto una vía con un montón de escalas que me dejaba en París el mismo 8 de Junio, pero ya tarde en la noche. Como siempre una vez más en convergencia Nina y yo. Ese mismo mes Nina estuvo en Nueva York en un festival de jazz, mientras yo aún permanecía en Europa.

Cuando me enteré en el 2003 que la Simone había fallecido me agasajó inmediatamente una angustia por ese deseo reprimido, una zozobra excesiva, una desilusión desproporcionada por ese imposible que se imponía para el resto de mi vida, y bueno, también sentía que algo mío se había ido con ella.

La gran Nina, con su voz desnuda, zalamera, directa, ecléctica, nostálgica, con esa piel tan púrpura, tan hermosa y tan llamativa, era una mujer sin etiquetas, de todos y para todos. Su música era como ella, experimental, de todos los géneros, de todas las situaciones. Nina Simone fue sin duda una de las mejores vocalistas del siglo veinte. Es imposible escucharla y no saber que es ella quien canta, jadea, grita y se calla a la vez, dejándonos en el cuerpo una emoción y una experiencia irrepetible. Además de su maravillosa música, Nina dejó una pronunciada huella en el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos, siendo una activista con desmesurada pasión desde niña cuando a sus padres, por el color de la piel, les negaron el derecho de estar en la primera fila del primer concierto musical de su hija. Luego se trasladó a Filadelfia donde intentó conseguir una beca en el Instituto Curtis, pero por ser negra no fue aceptada. Su poca tolerancia por el rasismo se reflejaba en sus canciones protesta, y mediante éstas Nina Simone demostraba su rebeldía y su compromiso por un cambio. Ante el rechazo a su raza que encaraba constantemente en Norteamérica, se vio obligada a exiliarse en otros países; primero en Barbados y luego en diferentes lugares en Europa. Murió en el sur de Francia, país donde llevaba viviendo ya varios años.

Nina Simone era una mujer misteriosa, controversial, de un talento titánico, de fuertes convicciones, defensora de la libertad, de los derechos de las mujeres, activa en el movimiento feminista y el lésbico gay. Era una mujer valiente, que decía lo que sentía valiéndose de su música. Era sabido que en sus conciertos hacía sentir que ella estaba allí cantándole a cada persona de la audiencia por individual. Algo que nunca llegué a comprobar, pero que de todos modos siento cada vez que escucho sus discos.

El 21 de febrero se celebra su natalicio. Nina, ese día en tu nombre me beberé una copa de vino y en tu honor te escucharé cantar y tocar tu prodigioso piano, pues no me queda duda que es como más deseabas ser recordada.

Aquí dejo algunas imágenes de Nina Simone, desde muy joven hasta ya entrada en la tercera edad. Hermosa en todas sus etapas.

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