Superwomen

enero 19th, 2009 § 0 comments

La otra noche, noche de chicas, fui a comer con unas amigas y me quedé boquieabierta cuando ambas me contaron la odisea en casa para llegar a nuestro encuentro. Una me dijo que su marido normalmente la deja salir aunque no es de su agrado, además se lo tiene que avisar con una o dos semanas de anticipación, y jamás de los jamases podría espontáneamente, por decir un martes a las 7pm, anunciarle que se va con sus amigas a un bar o a un cine. También nos contó que la razón por la cual estaba retrasada era porque cuando llegó a casa del trabajo, su esposo se encontró que las niñas aún no habían cenado porque ella, mi amiga, acababa de llegar del gimnasio, donde da clases. La comida ya estaba en la hornilla, sólo había que servirla. Sin embargo, él se enojó de que su mujer le dejara la responsabilidad y se fuera a divertir.

La historia que nos contó la otra amiga era más sorprendente aún. Su esposo se encontraba fuera de la ciudad, en un viaje de negocios, y ella había aprovechado la ocasión para escaparse. El enseguida la encontró en el celular y de ahí en adelante se pasó toda la noche llamándola e insistiéndole que regresara a casa, donde pertenece una mujer casada que deber guardar respeto. Además me imagino el sermón que le habrá dado más tarde y al otro día y al otro.

Por último, la tercera amiga que nunca llegó a nuestro encuentro, nos envió un texto que decía que su marido no la dejaba salir de casa esa noche “será para la próxima chicas…”

Ahora, estas tres mujeres, que creo que definen a una especie de Superwoman, trabajan incansablemente todo el día con el fin de mantener el orden y equilibrio en sus casas. Lavan, planchan, cocinan, limpian, llevan y recogen a los niños de la escuela, a las actividades y el deporte, hacen la tarea con ellos, y además muchas de ellas trabajan fuera de casa y hasta me he enterado que son las que llevan el manejo de las cuentas y los pagos.

No pude menos que pensar que estaban locas de remate, que pertenecían a otra época para mí desconocida. Pero qué va, son mis amigas de la escuela de mis hijas, mujeres modernas, que usan pantalones ajustados y hasta minifaldas, mujeres hechas y derechas, que le tienen que pedir permiso a su marido para salir una noche con las chicas.

Luego que no se quejen de que no tienen misterio, de dueña y señora que lo hace todo en casa y nadie las considera, de prácticamente darle la papita en la boca al señor y jefe del hogar. A mí las cosas si no son en equipo no me interesan, y no voy a juzgar cómo hacen las cosas las demás mujeres, si de verdad disfrutaran ese papel que ellas mismas se han impuesto. Pero esa noche, en vez de gozar, de hablar otros temas que nos alejen del cotidiano, se la pasaron echándole tierra a los maridos, esos desconsiderados a quienes resienten cantidad, y en un final regresaron a casa a continuar, sin siquiera proponerse cambiar las cosas.

Los anuncios en la tele y en revistas y en todos lados nos presentan a mujeres amas de casa, que cargan el peso de toda la responsabilidad del hogar, y a las seis o siete de la tarde, cuando llega el marido hay que atenderlo como si sólo él hubiese trabajado todo el día. Hay además otro problema mayor, que es cuando los dos cónyuges trabajan fuera del hogar y las mujeres se siguen viendo reflejadas en la publicidad como las únicas responsables de las tareas domésticas. Entonces es eso lo que se les trasmite a nuestras hijas: estudia, trabaja, ten éxito y además ten tu casa como un crisol y a tu marido contento. ¿Y quién nos ayuda? Bueno… bueno, no se puede, no es justo, no hay que tener dos dedos de frente, con todo el respeto pero no hay que limitar ni deshabilitar a los hombres de ese modo.

Está en nosotras cambiar las cosas. Como mismo ha estado siempre en los grupos de minorías, excepto que nosotras no somos la minoría, estamos a la par y lo sabemos. Es muy fácil, si ellas cocinan, que ellos frieguen los platos, si ellas lavan, que ellos guarden la ropa, y así sucesivamente. Es imperativo informar a esos maridos, a esos hombres sueltos en los bares y en el súper, que la mujercita perfecta que lo tiene todo listo, se acabó, que ese estereotipo que ha aparecido de la superwoman, la mujer incansable, que no desfallece jamás, que siempre cumple con todas las obligaciones de la casa y la familia, que mantiene la llama ardiente del matrimonio, y además es la mujer más deseable del planeta, a quien incluso se le adjudican superpoderes al demostrar que puede lograr lo imposible, mientras algunas llevan carreras profesionales, simplemente no existe. Y a quien no le guste que le eche azuquita.

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