Leche paterna

enero 9th, 2009 § 0 comments

¿Quién no ha soñado con quedarse dormida, bien acurrucadita, con una frazadita, una nana preciosa y un pomo de leche y que se trate del órgano de ese hombre delicioso que tanto nos gusta? Así como ellos sueñan con ordeñarnos a nosotras, a la inversa sería una exquisitez. Los hombres siempre se quejan de que esa fijación oral obsesiva se produce de pequeños y se debe a que no atetaron el tiempo adecuado, pero nosotras también a veces necesitamos treparnos a una carnita abultada, suavecita, con lechita tibia de papá. Fuera de juego, sin vulgaridad ni nada similar, la pura visión de que un hombre nos amamante me parece hermosa y creo que a ellos les haría mucho bien. Poder nutrir a alguien por tu propio conducto es una satisfacción tan adictiva como pacificadora. No me refiero a una eyaculación predestinada, sino al acto puro de producir leche, como nosotras cuando damos a luz, con sabor a todo lo que se ha consumido en el día, frijolitos negros, pollito, platanito maduro frito, gelatina de fresa… Podría ser muy tierno y sensual a la vez. Y cuando estamos insoportables, incontrolables, un poquito de lechita sanaría tanto.

Ilustración: My Lonesome Cowboy de Takashi Murakami

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