La lavadora

octubre 17th, 2017 § 0 comments § permalink

¡Yupiiii, conseguí lavadora!

La casa que alquilamos venía con lavadora excepto que cuando nos instalamos ya no estaba. En vano explico a la dueña mis razones de por qué no se debe promocionar algo que no existe y mucho menos alquilar una casa sin lavadora.

Ya estamos aquí y hay que resolver. Voy a varias tiendas pero nadie tiene lavadoras. Me dicen que por el Cira en 42 hay electrodomésticos y en efecto encuentro una lavadora. Es la propia dependiente quien me desanima en un momento de impulso y felicidad cuando anuncio que me la llevo. A según ella las Midea están saliendo malas y no sé si agradecerle la honestidad o llorar.

Esa noche le comento a un amigo mi situación y compadecido me ofrece una lavadora que era suya y ahora está en casa de un amigo que ya no la quiere porque tiene una nueva. Me la hace llegar y le pago 20 Cucs al chofer y acompañante. Me la suben dos pisos a duras penas. La entran al comedor pero ya no pasa de la puerta hacia la cocina. Además falta la otra puerta de la cocina que da para un balcón con lavadero y llave de agua donde la pienso colocar. Llamo a un señor que me recomiendan que antes era mecánico de carros y ahora hace de todo un poco. Llega a casa al día siguiente con su asistente, una señora de 85 años, y él ha de tener la misma edad. Cuando llegan a mi piso ambos deben sentarse un rato en la sala para recuperar las energías perdidas del viaje en guaguas y las escaleras que no son pocas. Les ofrezco agua, jugo, café. Todo lo aceptan en ese orden. El señor es un dulce, de esas personas que han vivido muchas vidas y ya nada ha de sorprenderlo. Se mueve con asombrosa lentitud. Sentado en una silla, deshace las puertas y muchas horas más tarde ya está instalada la lavadora. La señora es más seria pero también encantadora. Usa medias largas con alpargatas a pesar de que las gotas de sudor me corren por el canalillo en caudales. El pelo lo lleva en cebolla, tiene la cara pequeña y se ha tatuado o delineado fuertemente las cejas en marrón. Le va alcanzando las herramientas según él le indica y se vuelve a parar a su lado. Les pregunto si son pareja y ella responde que sí, que llevan juntos 8 años. ¿Alguna vez discuten? Sólo cuando se mete en la cocina a husmear mientras preparo de comer, dice ella. Siempre que podemos yo la llevo al cine, a tomar helado, a bailar, y a dónde ella quiera, agrega él. Me pide 4 Cucs por el día de trabajo. Le doy 5 y le digo que saque a la novia de paseo.

Llevo días caminando a la casa de mi tía o a la de algún amigo a lavar. Así pues, el momento de usar mi propia lavadora es de una emoción desenfrenada. Meto sábanas y toallas y la prendo. El agua, aunque entra en la máquina se escapa por la manguera. Saco todo y llamo a un técnico. Pero con tantas inundaciones en el malecón y máquinas rotas me dice que no puede venir hasta el martes, es decir en cuatro días. Luego de varios intentos, el técnico confirma que la lavadora no tiene arreglo. De pensar en hacerlo todo a la inversa se me aflojan hasta las piernas.

Pasan las semanas y aún sigo sin lavadora, mas un pajarito me ha dicho que están a punto de entrar.

Segunda semana

octubre 17th, 2017 § 0 comments § permalink

 

Primer día de escuela. Esperamos en el patio a que llamen a los diferentes grupos. Las niñas están nerviosas. K, la pequeña se agarra de mi brazo con fuerza y con discreción se enjuga las lágrimas de nervios escondiendo su carita en mi pecho para que no la vean sus futuros compañeros de clase. T, la mayor, me sorprende y, luego de haber expresado un alto grado de ansiedad durante las semanas próximas a nuestra mudanza, se comporta con soberano sosiego.

Saludo a sus maestras, las dejo en sus respectivas aulas y me voy con el corazón apretado. Llego a casa. Es el primer día que tengo para organizarme, para trabajar, pero cuando me siento frente al ordenador me es imposible concentrarme. Tanto ha ocurrido en tan pocos días que no sé ni por dónde comenzar. Me tumbo en la butaca y abro Esperando a los bárbaros de Coetzee, novela que no había leído a pesar de que lleva tiempo en mi lista y de que conozco gran parte de su obra. Me engancha enseguida. Han detenido a un viejo y a un niño y los guardias los acusan de haber estado involucrados en un robo de ganado. El viejo le explica al magistrado que ellos no han tenido nada que ver con el robo y que estaban de camino a verse con un doctor porque el niño tiene una úlcera en el brazo que no se le cura. Sigo leyendo y todo lo que viene es horripilante muy a pesar de que el magistral se apiada de la situación y de los llamados bárbaros. El pensamiento más espantoso es aquel donde un niño sufre y es física y emocionalmente maltratado, que es precisamente lo que le sucede al niño.

Cierro el libro y hago una lista priorizando proyectos pendientes, llamadas que debo hacer a mis editores, objetos que debo comprar para la casa, abastecer el refrigerador de nuevo, mandar a hacer una cama porque en el cuarto de las niñas sólo hay una, revisar un manuscrito. En fin, lo cotidiano y lo intelectual a partes iguales.

Pasan los días y se termina la semana. Las niñas están rebasadas con tantos deberes escolares y en una lengua académica que no es a la que están acostumbradas. Pero han hecho amigos y adoran a sus profesores. Diseño un plan para el fin de semana que incluya mar y diversión porque han trabajado demasiado tarde y noche cada día después de la escuela. También yo estoy exhausta y resentida porque sin mi ayuda constante no podrían con tanta tarea y no me resta tiempo para otra cosa que nos sea ellas.

El sábado vamos a la piscina natural del Copacabana. Es uno de nuestros sitios favoritos. Lleno de italianos y cubanos nos damos un chapuzón y con las máscaras vemos peses, erizos, cangrejos. En la noche vamos al Gran Teatro a ver a la compañía de danza de Carlos Acosa. Un espectáculo estupendo, fresco, cautivador. La cultura aquí es accesible y le sacamos provecho. A las semana siguiente volvemos al mismo teatro a ver a Rufus Wainwright con Carlos Varela de telonero. Es un momento mágico ver a Rufus en vivo. ¿Quién se iba a imaginar que fuera aquí en La Habana y tan cerca del escenario? Canta casi todas mis favoritas además una versión un tanto forzada pero igual emocionante de Drume Negrita. Le pudo haber quedado mejor y habría sido algo maravilloso porque lo menos que uno se imaginaría es su voz de lares tan lejanos profiriendo amenazas sobre un babalao que da paupau.

En su discurso, Rufus habla sobre el payaso naranja y su ilusión de que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos sigan estrechándose. Aunque todo parece indicar lo contrario. Ahora para colmo el incidente en la embajada americana. Rufus además hace hincapié sobre la falta de derechos para los homosexuales en Cuba y en varias ocasiones trae a colación a su marido que está sentado en el público. Mi hija mayor T queda hechizada.

Salimos del teatro y tomamos un taxi. Nos metemos por Neptuno y allí llegando a Galiano vemos a unas muchachas conversando que arrastran un cargamento de papel higiénico. Frenamos en seco y mi amigo les grita desde la ventana cuestionando dónde lo habían conseguido. Nos dicen que en La época, que está ahí mismo en la esquina. Cuando nos acercamos a la tienda ya ha cerrado.

Llegamos a casa cautivadas aún con Rufus pero sin papel higiénico.

 

 

 

La Habana: Semana 1

octubre 17th, 2017 § 0 comments § permalink

Aterrizamos en el aeropuerto José Martí un martes al mediodía. Corremos con suerte porque no hay colas para atravesar seguridad y las maletas salen rápido. No siempre es así y a veces hemos tardado hasta dos y tres horas.

El apartamento que sólo hemos visto en fotos y no estábamos seguras de qué esperar, nos agrada. Los muebles son anticuados y los aparatos eléctricos están viejos y poco a poco habrá que cambiarlos, pero el espacio es amplio, luminoso, con un balcón en la cocina y una azotea cuyas vistas son inmejorables.

Soltamos los bultos, almorzamos algo que mi tía nos ha cocinado y en silencio pasamos la tarde y la noche acomodando las pocas pertenencias que hemos traído. Las sensaciones son intermitentes. Risas, lágrimas, preocupaciones, dudas, inquietud, excitación.

De vez en cuando nos timbran las abuelas para darnos el parte sobre Irma que ya parece que su pasada por Cuba será inevitable. Al día siguiente nos vamos de compras pues no tenemos ni azúcar en casa. Los mercados son bastante distinto a lo que estamos acostumbradas, además ya la gente, alertada sobre la entrada del ciclón por oriente, forman colas de terror. No me sorprende pues he vivido otros sustos de huracanes en Miami y en Nueva York y sobre todo en Miami la gente entra en una especie de estado de pánico visceral como si fuese a acabarse el mundo. A mí me han tocado varios comenzando por Andrew cuando era una adolescente y que dejó mi casa sin corriente un mes y medio.

Mi suerte adversa con los huracanes es cabal y no me queda duda de que Irma aunque no pasase por La Habana actuará como tal. Viviendo en Miami varias veces una tormenta tropical me tumbó la corriente y el teléfono varios días. Con Vilma fueron dos semanas. Salí huyendo de Xcaret por gusto porque Katrina me siguió los pasos hasta Coconut Grove y con una niña de un año y medio y otra de cuatro meses estuve en la oscuridad un mes y medio. Por no hablar de la avalancha de mosquitos que se desató por esas fechas en los Everglades que para ir de la puerta de la casa al carro teníamos que cubrirnos con mantas y correr. En el otoño del 2012 Sandy peinó a la ciudad de Nueva York y el agua que inundó al túnel de Brooklyn se filtró en el edificio donde vivíamos destruyendo por completo el sistema eléctrico. Tomó dos meses reemplazarlo y ya cuando por fin recuperamos el apartamento había llegado el invierno.

Así pues, le damos frente a Irma sin dejar que el temor nos domine. Hiervo toda el agua que puedo y lleno cubos, pomos plásticos y calderos. Compro huevos, papas, leche en polvo, media docena de paquetes de pasta e igual cantidad de cajitas de salsa de tomate, pan, una barra de guayaba, Nutella, ajo y cebolla. Con eso y gas sé que puedo surtir un menú variado por un par de días. En víspera de Irma preparo una cena como si fuese la última y nos vamos a dormir con la barriga a punto de explotar y el aire a condicionado a todo dar especulando lo peor.

Al día siguiente ya han cortado la corriente. Por suerte el gas no lo han quitado y los tanques de agua están llenos hasta el tope. Las abuelas se han trasladado a la casa de mi tía la que vive cerca de mí. Mi otra tía vive en Santa Fe y ha decidido pasar el ciclón allí. La inundación ha sido de casi dos metros de altura y a causa de la platea en los siguientes días de luna llena se le vuelve a inundar la casa dos veces más esa misma semana. Todos ayudamos a sacar el agua con el haragán o la escoba y luego a limpiar y desinfectar los pisos, paredes y muebles pues el mar que ha entrado venía arrastrando además con todo lo que ha encontrado en su camino.

Las niñas, con una resiliencia y disposición admirables, no se quejan y asumen con naturalidad este nuevo capítulo. Pero hay cosas que comienzan a perturbarme. El papel higiénico es una de ellas. Se ha perdido, dicen en la calle y no lo abastecerán nuevamente hasta noviembre clarifican por la tele.

El calor es memorable. Las sábanas amanecen empapadas en sudor. El tanque de agua baja a pasos agigantados y eso que hemos conservado a conciencia pero ya lo que queda es un filito.

Ya vamos por cuatro días. Sentada en la sala miro fijo hacia el techo e intento valorar mis opciones en los próximos días sin agua y corriente. Todo en el refrigerador que tanto trabajo me costó conseguir se ha arruinado y el agua potable comienza a escasear. El tanque en casa de mi tía está vacío y ya varias veces les he subido cubos de agua desde la cisterna.

Dormito ya que con este calor no puedo ni leer. Las niñas juegan yaquis a mi lado y esas voces alegres en medio de tanta adversidad me mantienen fuerte. De golpe me fijo que la luz fría está encendida y al instante escucho una ola de gritos por todos lados celebrando que ha entrado la corriente. Dos horas más tarde la quitan pero luego regresa a la media noche y por fin restablecen la electricidad.

En apenas unas horas se cumplirá una semana de estar aquí en La Habana y ya parece una eternidad.

 

 

 

 

Recuerdos de Lincoln Road en la revista Suburbano

agosto 19th, 2015 § 0 comments § permalink

Reseña de Tempestades solares por Jacqueline Loss en Diariode Cuba

agosto 14th, 2015 § 0 comments § permalink

http://www.diariodecuba.com/de-leer/1437639707_15887.htmlgrettelpefirl

Tempestades solares en Amazon

mayo 12th, 2015 § 0 comments § permalink

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Mujerongas en Amazon

mayo 12th, 2015 § 0 comments § permalink

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Entrevista en Con voz propia, Radio Martí

mayo 12th, 2015 § 0 comments § permalink

Vera me entrevista para el Nuevo Herald

mayo 1st, 2015 § 0 comments § permalink

“Las mujeres son seres mágicos, impredecibles, llenos de poderes y una fuerza insospechada”

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foto por Viktor Csontos

 

A Case of a Growing Vagina

abril 15th, 2015 § 0 comments § permalink

Screen Shot

En la presentación de Tempestades solares en Books & Books

septiembre 29th, 2014 § 0 comments § permalink

En la presentación de Tempestades solares en Books & Books
En la presentación de Books & Books con Manny Lópezcon Manny López presentándome

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Entrevista de Grettel J. Singer en A Mano Limpia – América Tevé

septiembre 15th, 2014 § 0 comments § permalink

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“Las flores son un mal negocio, te duran un día y hay que agradecerlas un mes”

abril 10th, 2014 § 0 comments § permalink

Heroes And Sinners

Trailer de Tempestades solares, la nueva novela de Grettel J. Singer

abril 8th, 2014 § 1 comment § permalink

Tempestades solares – Grettel J Singer from Argelio Collazo on Vimeo.

Mujerongas en Cubanet

junio 7th, 2013 § 2 comments § permalink

Las Mujerongas de Grettel J. Singer

Miércoles, Junio 5, 2013 | Por Aleaga Pesant

 

LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org -Pocos pudieran pensar que esa mujer que está detrás de la mesa, vive en Nueva York. Dejó la isla de Cuba con su familia a los 11 años de edad. Vivió en Venezuela durante tres años. Luego, en Miami, durante mayor tiempo. Ahora, “refugiada” en Manhattan, presenta en La Habana este precioso, personal y atrevido libro de cuentos y crónicas al que tituló Mujerongas.

Casi tímida, pero con capacidad para cautivar al auditorio más exigente, Grettel Jiménez Singer regresó a la Isla con Mujerongas, por esos extraños caminos editoriales. Texto compuesto por posts íntimos, dramáticos y divertidos, que colgó desde 2008 en su blog mujerongas.com.

En el volumen hay un universo lleno de modas y modos, narrados de manera personal y audaz. Quizás demasiado atrevido para algunos de mis coterráneos. Los preciosistas del lenguaje discuten sobre el nombre del libro, prefieren nombrarlo Mujeranga. Grettel cuenta que el distintivo del blog lo sugirieron todas las cosas por las que pasan las mujeres en ese mundo cosmopolita en el que vive.

Aunque sus historias son de pura hembra, evade los ismos. Se presenta como femenina, y comenta con seriedad, y una sonrisa criolla, que la igualdad de géneros comienza en el hogar. Lo demás, continúa, es el esfuerzo personal que te lleva a tu destino. No obstante, para satisfacer a los lingüistas, mujer-on-gas le apetece más, pues en ingles pudiera significar “mujer activa”.

En la discreta presentación, realizada el pasado 24 de mayo, en la sala García Lorca del Centro Cultural Dulce María Loynaz, en El Vedado, estaban presentes, entre otras personas, la escritora Wendy Guerra y el Director de Televisión Juan Pin Vilar, familiares y amigos,  quienes disfrutaron de la lectura de tres de las historias entre las más de veinte que contiene el libro, de 97 páginas.

Pista de Aterrizaje, Churresquería y Elsi, son las tres historias que leyó Grettel para placer del público, y lamentó no traer ejemplares del libro para vender a los presentes.

Pista de aterrizaje es una atrevida historia, en la que Grettel fue partícipe voluntaria. Narrada en primera persona. Trata sobre el afán “depilativo” de la sociedad postmoderna. Tendencia a no tener vellos en el cuerpo, practicada por hombres y mujeres en el mundo occidental. Para saber qué se siente, se sometió a la experiencia y, en buen cubano, afirmó, “quedé puesta y convidada”, algo así como nunca más. La historia, con diálogos directos y una narración ágil y mordaz, fue aplaudida por el público.

Churresquería es un cuento de ficción, inventado con un amigo, según contó al público. Nos muestra la preocupación social de la autora por los desniveles y los abismos de este mundo. Corto y también directo, es una joya del realismo mágico, que sigue sacudiendo la literatura latinoamericana.

El último cuento entre los narrados, Elsi, está cargado de surrealismo. A la protagonista,  diseñadora de vestuario y de escenografía en el teatro, le llega un maniquí con el que trabajará. El inmenso muñeco se convertirá en un personaje dentro de su vida, con quien conversará y tomará decisiones.

Preguntada sobre si era una blogger convertida en escritora o escritora que llegó a la blogosfera, Grettel refirió que siempre disfrutó escribir, pues estudió literatura en la universidad de la Florida. La blogosfera le dio la oportunidad de escribir sin más pretensiones de presentar sus historias. Luego, unos amigos catalanes le sugirieron que podría salir un libro, y aquí está.

aleagapesant@yahoo.es

Daniel y Freya: una historia epistolar, IV

abril 8th, 2013 § 1 comment § permalink

freya4

 Bogotá, 23  de febrero del 2013

Mi querida Freya:

Espero que cuando recibas esta carta te sientas mejor de la espalda y que la fisioterapeuta haya logrado desclavarte la puñalada. En efecto, el estrés causa cada dolor inimaginable. Pasé por Nueva York hace dos semanas. Antes iba con alguna frecuencia, ahora bastante a menudo, mínimo una o dos veces por mes. Nos va bien con la agencia y hemos abierto oficinas en casi todo Latinoamérica y ahora en Manhattan, Chicago y Miami.

Tus observaciones con respecto a la ciudad son muy curiosas y amenas. Es algo que nunca me cansa, tu infinito deseo de encontrar un significado a todo lo que te rodea. Te fijas en detalles que no aparentan tener importancia, pero en efecto, los tienen y es lo que le da tantos matices al mundo que perteneces. Estar presente en cada momento es una ardua labor para muchos y a ti se te da con tanta naturalidad. ¿Aún prefieres el tren a los taxis? Mira que eres testadura. Una actriz de tu altura ya no está para eso. Cierto que en los trenes la experiencia y las vivencias de la ciudad son más agudas e interesantes, y aquí me tienes, cada vez me gustan menos. Los olores son insoportables, la bulla, la suciedad… qué tormento, ¡no gracias!

Dices que el doctor experimentaba con Cee. ¿Eugenista? No sé, pensé que se había propasado con ella y que la había embarazado y no le había quedado otra alternativa que obligarla a abortar. Tú eres más sensata con las interpretaciones literarias, así que creo que podrías tener razón.

En cuanto a la ópera, te ruego que no dejes de ver a Ana Nebretko. Es sencillamente una delicia en el escenario y su voz, un regalo de los dioses. Sobre Madama Butterfly, tampoco he visto en vivo a  Manda Echalez, pero sí a Bryan Hymel y es un tenor que promete una larga y exitosa carrera. Una que te recomiendo es La tempestad, es una nueva y magnífica producción que conducirá el propio compositor, Thomas Adès y que tuve el privilegio de asistir este pasado julio en Canadá en el Festival de la Ópera, ¡Très Maqnifique! Si no la has visto nunca te deslumbrarás con su hermosas melodías… El anillo del Nibelungo, hay alguna que otra controversia con esta nueva producción, algo de eso leí. Pero no te desanimes, es una de esas óperas que es casi como una obligación verla. Si no me equivoco ésta que presentan en el Met es bastante fiel a la historia en sí y sus ideas originales, eso también lo leí. Ojalá te ayuden mis comentarios en algo, aunque realmente con las producciones del Met es difícil equivocarse.

Estaré en  Bogotá unas semanas, cualquier correspondencia envíamela aquí, o si tienes dudas, me pasas un correo electrónico para confirmarte mi paradero.

Freya, ¿Podría confesarte algo sin que te decepciones o te enfades? En estas últimas semanas te he seguido en un par de ocasiones. La primera vez fue en el West Village y por pura casualidad. Coincidimos a la hora del almuerzo en el mismo restaurante. Tú estabas sola, leyendo un libro, y yo estaba reunido con unos socios, y cuando te levantaste y te alejaste no pude hacer otra cosa que seguirte hasta tu casa. Sigues tan linda como siempre, o más. Hay una madurez en tu rostro, o tal vez una dureza, que te ha embellecido más aún. Te vi bebiendo el té, repasando lo que parecía un libreto. Invertir en unas buenas cortinas no sería una mala idea. Estoy seguro que no he sido el único que se sienta en el café de enfrente a mirarte como un bobo.

Si no vuelvo a saber de ti sabré que fue una mala idea contarte que te he espiado y que lo seguiré haciendo.

Un abrazo,

Daniel

Por Grettel J. singer
Imagen de Ketty Mora

Daniel y Freya: una historia epistolar, III

marzo 25th, 2013 § 0 comments § permalink

freya3

Nueva York, 12 de Febrero del 2013

Daniel:

¿Cómo es eso que me has visto en el teatro? ¿Has pasado por Nueva York recientemente? ¿Por qué no te acercaste al camerino? ¿O es que acaso esa última pregunta está de más? Cuéntame sobre K., me entristece su mal estado. ¿Cómo les va con la agencia? Sé que ustedes han mantenido buenos lazos. Como mismo sabía que desde hace un año ella comenzó a comunicarse con la madre de M. Fue la propia M. quien me lo comentó y me ha asegurado en más de una ocasión que le hace bien ese acercamiento. Aunque coincido, quedarse prisioneras  de un pasado triste e irremediable no ha de ser saludable para ninguna de las dos, especialmente si se potencian entre sí a través del mismo lamento. Pero, ¿quién soy yo para juzgar el pesar de una madre que ha perdido a su hijo, o el de una mujer que le ha fallado a su gran amor?

No me siento orgullosa de mi comportamiento durante esos días después del accidente o en los meses que prosiguieron. El distanciamiento que les impuse fue lamentable, lo sé, y el recuerdo que queda es turbio. Sin embargo, ahora creo entender con más claridad lo que pasó por mi mente entonces y el por qué de mis acciones. Algún día conversaremos sobre ese asunto con insospechada tranquilidad, de eso no me queda duda.

Esta mañana fui a ver a una fisioterapeuta. Llevo varias semanas con una punzada en el hombro derecho que no he conseguido atenuar con nada. Es como una puñalada clavada a toda hora. La especialista ha descubierto que el dolor proviene del cuello, a pesar de mis quejas manifestándolo en la espalda. Dice que tengo una tensión y un estrés increíbles. ¿Quién no? Me ha dado permiso para volver a la piscina. Esa es una noticia extraordinaria; nadar influye sobre mi deseo de olvidar y de fortalecerme.

Me desperté tarde, no podía creer la hora: 10:30AM. Salí corriendo sin tomarme siquiera un café y cuando llegué al consultorio me enteré que la cita no era hasta las 11:30AM. Aproveché el contratiempo para terminar la novela de Toni Morrison que no había leído aún cuando recibí tu carta pero que ya había comprado apenas salió a principios de año. En efecto, es impactante y profunda, una Joyita. La narrativa es clara y concisa como la gran autora que es, y te atrapa desde la primera página con su habilidad y dominio del lenguaje y la ficción. ¿Tú, Frank Money? ¿Acorralado por los recuerdos violentos de episodios durante los combates de la guerra coreana? No sé, tal vez tu guerra no es coreana pero es guerra al fin. El final es muy lindo, me hizo llorar. ¿Qué no me hace llorar a mí últimamente? Por supuesto que me gustaría comentarla con detalle cuando la asimile mejor. Ya está calificado como uno de los mejores libros entre aquellos que he leído este año. Es una historia que me ha removido por dentro. La prosa hermosa y más ligera que su densidad habitual, estoy de acuerdo. ¿Crees que el doctor Scott era eugenesista y experimentó con el útero de Cee? Ni siquiera sé si la palabra eugenesista aparece en los diccionarios. Me parece que la historia va por ahí. ¿Tú qué crees?

Después de la terapia vine a comer dim sum a un lugar que se llama Hing Huang, desde aquí te escribo esta carta. ¡Qué hambre tengo! Y ahora para resolver me dispongo a degustar un menú carnívoro como primera comida del día. Hace poco aprendí en Wikipedia el significado de dim sum. Bocado, corazón a lunares, tocar el corazón, y este que es el que más me gusta: ordenar hasta satisfacer el corazón. Me ha causado gracia ese embuste literario.

Es un sito raro, o mejor dicho, chino. Tienen la tele prendida en un canal de videos musicales de ese lado del continente asiático que es para morirse de la risa, o de la tristeza. Creo que si yo fuese china me daría pena admitirlo, sólo por lo de los videos. La indumentaria que llevan los cantantes y extras no sé de dónde la sacan, y las coreografías y los props son de armas tomar, e igual de risibles. Hace un rato pasaron uno protagonizado por un dragón cargado en hombros por una fila infinita de señores mientras unos niños brincaban sobre algo que parecía un trampolín sin llegar a serlo. El cantante, vestido de fucsia de pie a cabeza, hacía alarde de un baile que era una combinación entre gangnam y bachata. Me habría encantado saber de qué iba la canción. Uno hasta figuraría que es entrenamiento para niños, ¡qué va! El  volumen lo tienen apagado y en lugar suenan hits americanos, para que te hagas una idea. Ahora mismo canta Bruno Mars,  It Will Rain Again. En cambio parece que va a nevar esta tarde. Nunca llego a cansarme de las nevadas, es uno de los caprichos de la naturaleza más peculiares y magníficos que he presenciado en mi vida.

El dim sum de aquí tiene una reputación favorable, y por buenos motivos, es estupendo. Para llegar a esta zona de Chinatown he tomado el tren R, no es mi favorito. Ahí se juntan los locos de la ciudad. Creo que es el tren más lento de todos y uno siempre está al borde de presenciar algo inusitado. Hoy mismo, dos paradas antes de la mía, entró una comitiva de ratas. Eran sólo tres, pero se movían tan rápido que parecían más. La gente perturbada por el imprevisto acose de roedores corría de un lado a otro. Al final terminamos todos subidos en las hileras de asientos agarrados de manos. Fue un momento de terror y si supieras, también de hermandad. Entre los alaridos de miedo, las carcajadas y los bastonazos enardecidos de dos señoras mayores, la multitud se conectó en una frecuencia que ya nadie nunca más podrá deshacer aunque no volvamos a vernos y sigamos siendo perfectos desconocidos. Qué extraña es la cotidianidad y cómo por medio de un pequeño percance pasas a ser parte de una memoria permanente en un contexto indestructible. ¿No te parece algo excepcional?

Ese episodio mañanero me ha hecho reflexionar sobre la manera fabulada en que solemos digerir el concepto de la soledad. Intentamos aislarnos cuando en realidad somos una red y apenas se produce la más mínima contrariedad nos aprisionamos unos a los otros como imanes, confirmado que por naturaleza el individuo busca un sentido de pertenencia a un grupo. Lástima que la razón a veces sea superior al instinto, por lo menos en casos en que lo opuesto podría significar la solución entre las grandes discrepancias que separan a sociedades cada vez más.

Te agradezco enormemente que te haya llegado a emocionar la idea de asistir a los musicales. Te creo, con un mínimo de aprensión, desde luego. Para ser un aficionado de la ópera, imagino el gran esfuerzo. Yo sigo siendo una gran fan de ese género musical. Por cierto, me acaba de llegar el programa de la nueva temporada del Met 2013/2014. Tengo intenciones de ir a varias presentaciones, lo que sucede es que con mi asiento en la primera fila del segundo palco, tú sabes, el que pertenecía antes a mi madre, no me permiten cambiar el programa, por lo menos no de inmediato. Tendría que comprar una serie que incluye algunas presentaciones que no me interesan e intentar cambiarlas por las otras que deseo ver pero que pertenecen a otros programas. Arriesgaría mi silla ya que no permiten gestionar esos cambios hasta más adelante en la temporada, cuando ya se han agotado los mejores boletos. Ya me ha pasado alguna vez, y créeme, desde el primer palco no se ve la orquesta sinfónica, que es donde suele sobrar uno que otro asiento. Podría comprar las entradas por individual; me temo es mucho más costoso. Aunque, ¿has visto que los precios han bajado? Debe haber una crisis cultural sin igual.

¿Por qué no te comento las que me atraen y tú me aconsejas o desaconsejas? ¿Te parece?  Tosca: una de mis favoritas, no me la quiero perder. Los tenores son Marcello Giordani quien ha recibido bastante reconocimiento últimamente pero a mí no me encanta, y Roberto Alagma, a quien no he visto en vivo aunque lo he escuchado y he leído buenas reseñas. Renée Fleming en Rusalka. Nada me gustaría más que verla otra vez cantando esa aria, pero como sabes, Rusalka es una ópera como Lakmé y Elíxir de amor, contiene un solo hit, así que no sé si me animaré. Es lo que me gusta de las óperas de Puccini, Mozart, Tchaikosvsky, llenas de arias y melodías que te intoxican de principio a fin. Hablando de Tchaikovsky, este próximo otoño presentan Eugenio Oneig con la Netrebko. Iré seguro, si es que no coincide con una de mis presentaciones. A veces compro entradas con tremenda antelación y total no puedo asistir por conflictos de horarios… Me sorprendió no reconocer a ninguno de los cantantes del elenco de Madama Butterfly, así que de esa paso, a no ser que tu opinión contraríe mi decisión. Un tal Bryan Hymsel interpreta a Pinkerton, y Manda Echalez debuta con Cio-Cio-San, no sé quiénes son. ¿Sabes quién se presenta también?, Diana Damrau. ¿La conoces no? ¿Quién no la conoce luego de consagrarse en el 2007 aquí mismo en el Met? J. y yo la vimos juntos. Lástima que sea La Sonámbula, otra ópera sin catchy tunes. Me acusarás de elegir las obras como mismo elijo el vino, seducida por el arte de la carátula. Un buen argumento a mi favor sería que nunca me he equivocado… Ahora en abril comienza un ciclo de El anillo del nibelungo; iré al primero. Recuerdo oírte hablar de tu experiencia con esa ópera… cuatro partes, seis horas cada una. Aquí las presentarán un por semana. Siempre he querido verla completa y nunca he tenido la paciencia. Ya te contaré, me emociona saber tus conclusiones,  nunca he conocido un melómano más excepcional que tú.

Bueno, me despido. Llevo un buen rato escribiendo y presiento que no te he dicho nada que valga la pena, y si supieras, me siento como si te hubiese contado muchas cosas importantes de mi vida.

Ojalá coincidamos la próxima vez que pases por la ciudad.

Un fuerte abrazo y escribe pronto,

Freya

Por Grettel J. singer
Imagen de Ketty Mora

Daniel y Freya: una historia epistolar, II

marzo 18th, 2013 § 2 comments § permalink

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Miami, 3 de Febrero del 2013

 

Mi querida Freya:

¡Qué alegría recibir correspondencia tuya! Estoy de acuerdo, este estilo se debe preservar así seamos los únicos dispuestos a ejercerlo. He olvidado cuándo fue la última vez que me senté a escribir una carta. La tuya no ha podido llegar en mejor momento.

La pérdida de J. y M. ha sido un trauma que no he podido rebasar. K. tampoco y creo que con el tiempo se ha aferrado a una culpabilidad desmedida y a estas alturas sin sentido, me atrevo a opinar. Las platicas con la madre de M. es hasta cierto punto beneficioso para ambas. El desahogo y el consuelo son las únicas alternativas en estos casos de suprema fatalidad. Ninguna de las dos se han propuesto superarlo o seguir adelante. En ese sentido entiendo que se hayan unido en la desgracia, aunque no estoy tan seguro que sea lo más sano. Disculpa que mencione a K. o a J., no imagino otra forma de dirigirme a ti como si nada hubiese ocurrido. Es un tema que deberíamos tocar en otro momento, a mí me gustaría, aunque sé que todavía es muy pronto, ¿o me equivoco?

Los e-mails que te envié entre el 2005 y el 2010, también preciso explicarlos, apenas me des la señal. No puedo ni imaginarme lo que has vivido en los últimos dos años, y si fuera posible daría y haría en cualquier medida lo necesario para que tu sufrimiento y desesperanza se esfumaran en este mismo instante. Nada más triste que saberte abatida, o lo que es peor, amargada.

Me alegra que la ciudad te siente bien. Nueva York es uno de esos lugares que te glorifican o te destruyen por completo. Hay que tener un carácter particular para no dejarse vencer por la magnitud y la furia constante que se desplaza de norte a sur y de este a oeste. Tú lo tienes, sin duda. Hay una fuerza y un apasionamiento que se aloja en ti capaz  de vencer la situación más adversa, como ya habrás comprobado. Es más, hay actrices que se pasan una vida buscando una oportunidad, esperando ser reconocidas, y mira tú, en tan poco tiempo has conquistado una nueva audiencia y logrado lo que pocas logran. Y claro que sabía que habías vuelto al teatro. Hace unos meses te vi en el personaje de Irina, en una muy moderna y muy amena adaptación de La Gaviota. Y por supuesto que te he visto danzar y cantar en West Side Story. Generosas y merecidas las reseñas que ha tenido la obra, por cierto… Es incomprensible para mí lo rápido que ha sido tu recuperación física en tan corto tiempo. ¡Chapó!, mi querida Freya. Me impresiona tu voluntad y tu perseverancia. Ahora leí que te preparas para interpretar la obra en inglés basada en Rebeca en el papel de la señora Danvers. Estoy deseoso de verte en escena como una de las más temidas villanas de todos los tiempos, y de volver a Manderley… ¡jajajaja!

Ay, Freya, creo que lo mejor que pudiste hacer fue irte de Bogotá, regresar al teatro, explorar una vía diferente a lo que hacías antes. Estoy seguro que te ayudará a sobreponerte de tan siniestro disgusto. Es verdad que el teatro musical no es un género santo de mi devoción, pero contigo en los elencos estoy empezando a cambiar de opinión.

Antes de que se me olvide, quería contarte que cabo de terminar de leer Home, el último libro de Toni Morrison. Estoy seguro que ya te lo acabaste también y te ha encantado. Di que sí, por favor. Si te apetece, podríamos comentarlo en las próximas correspondencias, ¿o es demasiado pronto para intercambiar ideas? A mí me pareció una novelita estelar, distinta a lo que ella ha publicado anteriormente aunque tan precisa y profunda como es habitual en su estilo. Cuánta violencia y qué bien narrada… me atrapó el personaje de Frank Money, hasta cierto punto me proyecté… no digo más por si acaso no la has leído aún.

Nuevamente, te agradezco esta puerta que has abierto. Necesitaba saber di ti. Y por favor, descarta esa idea en la que me concibes recibiendo tu carta como un lamento. Al contario, reparo en tus párrafos la vitalidad de esa gran mujer que has sido e intentas seguir siendo con los pies sobre la tierra mientras tu alma y tu espíritu están atrapados quién sabe dónde. Tampoco te juzgo por la manera en cómo nos trataste a K. y a mí en el entierro o por prohibirnos proximidad alguna cuando estabas hospitalizada. Es más que comprensible y sólo lo menciono porque fue la última vez que nos vimos. Ya todo eso ha quedado en el pasado y de una forma u otra ningún comportamiento habría aliviado el dolor de tan insólita tragedia. En tu lugar no sé lo que habría hecho ni cómo seguir adelante.

Cuídate mucho y no dejes de escribirme. Oh, y sí, debes interpretar a Cleopatra, estarás regia.

Cariños,

Daniel

Por Grettel J. singer
Imagen de Ketty Mora

Daniel y Freya: una historia epistolar, 1

marzo 11th, 2013 § 3 comments § permalink

Nueva York, 27 de enero del 2013

Querido Daniel:

Te preguntarás por qué una carta a estas alturas. Luego de todo lo que ha sucedido entre nosotros y en mi vida, reanudar el diálogo a través de un correo electrónico o una llamada telefónica me resulta informal. Además, no le haría justicia a la posibilidad de un acercamiento auténtico, ni a nada parecido. Los e-mails, por ejemplo, los respondo casi por inercia, impulsada por esos estados de inmediatez que impone la tecnología. Me quejo, aunque temo haberme convertido en una de esas personas multifacéticas que debe engendrar cien proyectos a la vez. Mientras veo una película, hojeo libros, texteo, ensayo bocadillos de libretos y hasta navego por la red. Es un vicio nimio que se ha amplificado en mi cotidianeidad desde lo sucedido hace dos años. Me ayuda a no pensar, a desviar la atención hacia boberías que me mantienen ocupada y que no me permiten adentrarme en una nueva nebulosa.

Sentimientos encontrados fue lo primero que me invadió al recibir tu pésame entre uno más de los tantos que se acumulan a diario. Luego, ante el abismo continuo de tan desesperante pérdida y la asociación que te vincula a mi pasado, se ha alojado en mí un alivio inesperado. Resuelta a responderte, emprendo este primer intento mediante la vía epistolar porque me parece más correcta y porque es un arte ya perdido que me he propuesto recuperar en mi rutina personal desde hace un tiempo atrás. ¿Recuerdas la cantidad de cartas que te escribía a la semana en aquella época? Yo aún conservo las tuyas.

Supe recientemente que llevas años separado de K., aunque continúan siendo socios. Supe, además, que has intentando comunicarte conmigo en numerosas ocasiones. No tenía la más mínima idea. Me enteré hace uno o dos meses cuando mucho. En fin, justo ahora es que lo puedo asimilar. Escuchar tu voz en el contestador me trasladó a otra época. Contagiada de una perseverante curiosidad, entré a mi antigua cuenta de Yahoo. Fue así como di con tus correos, no son pocos. Sabes, nunca me decidí a cerrar esa cuenta motivada por una tristeza que no he querido agitar más de lo que en su momento fue insoportable, supongo, aunque no pretendo que lo comprendas. Estoy segura que en cierta medida ha sido para el bien de los dos. Algunas de tus cartas, no lo niego, me han dejado pasmada. Las primeras, sobre todo. Además, están datadas del año 2005, casi no lo podía creer, y el contenido menos. Algún día tendrás que explicármelo. No tiene que ser en este momento. De hecho prefiero que no lo hagas hasta más adelante…más bien te lo suplico.

Los fallecimientos de J. y M. me han dejado destrozada, como podrás imaginar. M. era sólo un niño y como un hijo para mí, y J. llegó a convertirse en mi todo. Sé que si hay alguien en el mundo que lo sabe eres tú precisamente. Ojalá no te sientas ofendido por esa declaración.

Ser viuda tiene sus ventajas, no te creas. Todo el mundo da por hecho que estoy muerta por dentro —y no se equivocan, lo estoy— facilitando un luto tranquilo y por lo que he podido interpretar, eterno. Ya nadie espera nada, absolutamente nada de mí, y los pequeños logros que alcanzo en el ínterin me redimen de cualquier obligación más allá de una escapada al mercado en busca de lo indispensable: papel higiénico, arroz integral, verduras y cosas por el estilo. Sin embargo, poco a poco he ido encontrando nuevas razones para seguir.

La mudada a Nueva York me ha beneficiado considerablemente. Se me hacía imposible permanecer en Bogotá, rodeada del fantasma de J. apenas abría los ojos cada mañana, y de sus familiares en perenne agonía. Aquí también me persiguen las visiones de lo que fue y lo que pudo ser de mi camino junto a J., y es difícil pensar en asumir un día completo en su ausencia. Al menos la bulla de la ciudad me mantiene en alerta, distraída. En estas últimas semanas he tenido una cantidad inaudita de trabajo. Me he visto obligada a abandonar la casa y creo que eso me hace bien. Nunca pensé que iba a poder actuar en otro idioma sobre un escenario y mucho menos cantar. Y mírame aquí, toda una experta de los musicals en La Gran Manzana. Imagino la expresión en tu cara ahora mismo. A nadie que le apasione la ópera puede atraerle un musical de Broadway. Antes me inquietaba un concepto emparentado y detestaba la idea de perder mi tiempo sentada frente a una obra musical cuando podía estar escuchando melodías más sofisticadas. Lo comentamos en más de una ocasión, ¿lo recuerdas? Ahora en cambio, supongo que porque soy parte de un elenco que identifico como mi nueva familia, lo veo con otros ojos. Por no hablar del respeto y admiración que le tengo a mis compañeros. La vida en el teatro es difícil y complicada; se me había olvidado. Son seres retorcidos, llenos de rollos existenciales. Sólo se juntan entre ellos, desenvolviéndose en una especie de culto actoral en el cual he logrado colarme, por suerte o por desgracia, no sabría definir. El ambiente laboral de las grabaciones de televisión o cine es muy distinto al de una puesta en escena. Las noche que trabajo llego a casa fatigada y caigo en la cama como un plomo. Es lo único que me ha disminuido el insomnio. En el teatro surge un nivel de intensidad fuera y dentro del escenario que me agobia lo suficiente como para extrañar mi vida en la gran pantalla, pero privada de J., no he logrado encontrar la fuerza o la ilusión para decidirme por algún proyecto.

Hace unas semanas un director argentino me contactó para ofrecerme el personaje de Cleopatra, con el pretexto de que se ha escrito para mí, imagínate. ¿Quién sabe?, tal vez me decida hacerlo. ¿Te acuerdas lo mucho que soñaba con ser ella? Por cierto, nada de lo que te cuento es un lamento, por el contrario, el teatro me ha salvado, si es que se puede afirmar algo similar sin sonar pretenciosa o desquiciada. La pérdida de un ser amado es indescriptible, te lo puedo garantizar. Mira que ya me había compadecido por lo que parecía un abandono inaguantable, y ahora entiendo que nada se compara al desasosiego que deja la muerte de un gran amor. Lo otro que se ha hecho evidente en este trayecto de desconsuelo es la certeza de haber cumplido con un karma maléfico y por ende me siento liberada. Es difícil entenderlo para quien no ha sufrido una desgracia similar. En esencia: lo peor ha quedado atrás, y eso te arma de una fortaleza tenaz, indestructible. Los amigos y familiares me ven con esa parte del corazón que no ha conocido la tristeza y el desconsuelo en su esplendor. Cuando se ha perdido todo, surge una especie de erudición que te hace flotar y logras ver el mundo desde un plano cuyas perspectivas son menos exigentes que aquellas del hombre común y feliz. Quizás por eso he decidido contactarte, porque después de tantos años y tras la muerte de J. y su hijo me doy cuenta que te he perdonado, Daniel, y eso merecía comunicártelo.

Recibe todo mi cariño y respóndeme si te apetece y sin sentirte obligado, naturalmente.

P.D. El pasado diciembre fui al recital de Leonard Cohen que dio en el Madison Square Garden. Cantó gran parte de su repertorio, y todas tus favoritas…más de tres horas. Es un roble ese hombre, y su voz añeja y deliciosa como un buen brandy, o mejor dicho un buen whisky. ¿Alguna vez llegaste a verlo en vivo? Si no es el caso y puedes, no dejes de hacerlo en esta gira, sospecho será la última.

Freya

Por Grettel J. singer
Imagen de Ketty Mora

Daniel y Freya: Una conversación epistolar… A partir de este lunes 11 de marzo.

marzo 6th, 2013 § 0 comments § permalink

Luego de un largo silencio, una tragedia inesperada volverá a entrelazar sus vidas mediante una conversación epistolar. ¡MUY PRONTO! A partir de este lunes 11 de marzo.